El mundo se desmoronaba poco a poco al comprobar día tras día que mi maravilloso hijo se escurría de entre mis manos, se escapaba sigilosamente abandonando todo lo que había aprendido hasta ese momento. Había sido atrapado por un inesperado alud de tinieblas llamado autismo.

Y se hizo la luz

Bienvenidos a este blog. Espacio dedicado a la discapacidad en general, pero mas concretamente a los trastornos del espectro autista (TEA ). En él, trato de reflejar mi experiencia como profesional de la educación y madre de una persona con autismo.



3/4/11

ROMPIENDO MITOS SOBRE EL AUTISMO




Hoy no me puedo resistir a presentaros este artículo publicado en elmundo.es por Javier Cavanilles porque además de estar escrita con muchas frescura, ataca de frente a algunos de los personajes y teorías que han hecho tanto daño a las personas con autismo y sus familias perjudicando también, de alguna forma, el avance hacia otras investigaciones y métodos de intervención, al considerar durante un tiempo que la causa del autismo se debía a estas erróneas y descabelladas teorías. Hoy es un día magnífico para gritarle al mundo la falsedad de ellas y acabar así, con estos mitos sobre el autismo.



Desde 2008, la noche del 1 al 2 de abril, edificios de todo el mundo se iluminan de azul. El motivo es el día de concienciación sobre el autismo, un trastorno que más que desconocido es mal conocido. A la gente le vendrá a la cabeza ‘Rain Man’ que ofrecía una imagen parcial de esta realidad, la de los savants (como el personaje de Dustin Hoffman). Pero hay mucho más. De momento se desconocen sus causas, pero no hay la menor duda de que la culpa no es de las madres. Parece mentira que haya que decirlo, pero aún hay gente que, por inconsciencia o dinero, son capaces de culpar a una madre de que su hijo de dos años no la quiera abrazar. Y eso que son ¿profesionales? a los que la mujer acudió pidiendo ayuda. La llamada teoría de las ‘madres nevera’ la formuló en su libro ‘La fortaleza vacía’ (1967) el vienés Bruno Bettelheim (1903-1990). Filósofo de formación, psicólogo por afición, sinvergüenza de nacimiento, Bettelheim popularizó la idea de que las causas del autismo no eran biológicas, sino que se debía única y exclusivamente al ambiente (unos padres ausentes y/o sobreprotectores). Bettelheim estuvo internado en los campos de Dachau y de Buchenwald simplemente por ser judío. De su experiencia recordaba como algunos de sus compañeros, incapaces de soportar su suerte, se retraían hasta el punto de parecer totalmente ajenos a los estímulos exteriores. Fue eso lo que le llevó a creer que el autismo era algo inducido por el ambiente. Pocas ideas absurdas han hecho más daño que ésta. Y lo peor es que se la inventó. Ninguno de sus compañeros de cautiverio recordaba nada de eso. Fue en la Universidad de Chicago donde elaboró su teoría sobre el autismo basada en su pretendida experiencia personal y unas botellas de psicoanálisis peleón. Allí dirigió el Sonia Shankman Orthogenic School, en el que aplicó las terapias que le dictaba su imaginación. ¿Su secreto? Aislar a los niños de sus familias y someterlos a una disciplina espartana que no excluía los malos tratos corporales. Bettelheim fue su propia creación, el ‘Dr. B.’, como lo bautizó Richard Pollak en una biografía. Exageró su experiencia en los campos de concentración (compró su libertad antes de que comenzara la guerra) y mintió sobre su currículo para hacerse un hueco en la Universidad de Chicago: se añadió carreras, libros, reconocimientos y estudios de campo inexistentes. Presumía de haber conocido a Freud cuando era falso. El clásico perfil de un vendedor de aceite de serpiente. Los defensores de la teoría de las ‘madres nevera’ no están solos en su estulticia. Otros que tienen una patada en los güevos son los seguidores de Andrew Wakefield, uno de los santos del universo de los antivacunas (una banda de ciegos con pistola). Aquí, desgraciadamente, encontramos entre sus seguidores a muchos padres que, de buena fe, creen que están haciendo lo mejor para sus hijos. Wakefield publicó en 1988 un artículo en la prestigiosa revista The Lancet en el que relacionaba el autismo con la vacuna triple vírica (sarampión, paperas y rubeola). Pronto, con la prensa de su lado, ascendió al olimpo del del neochamanismo -más conocido como medicina alternativa-. Así nació el bulo de que un conservante que se utilizaba en las vacunas (el Timerosal) provocaba el trastorno. El pasado año, The Lancet retiró definitivamente el artículo (en 2004 ya lo puso en cuarentena tras una investigación de The Sunday Times). En enero de este año el British Medical Journal añadió que “se trató de un fraude deliberado en el que se engañó a los padres, se hicieron pruebas inconvenientes a los niños, se falsificaron resultados y se ocultaron deliberadamente intereses económicos”. En otras palabras, mintió por dinero (estaba a sueldo de un bufete de abogados antivacunas). Las mentiras de Wakefield y algunos más han tenido su caja de resonancia en la ex chica Playboy Jenny McCarthy, una de las divas del movimiento antivacunas. Cuando nació su hijo y le diagnosticaron autismo, lo presentó en sociedad como un ‘niño índigo’ (una especie de ángel de la Nueva Era) hasta que descubrió que ganaría más dinero echándole la culpa a las vacunas. La tía se aprovechó de que en esa época era difícil detectar el trastorno antes de los cuatro años (ahora se puede en algunos casos a los seis meses), por lo que era fácil pensar que podía tener una causa exógena como las vacunas. Que el Timerosal ya no se utilice y la tasa de prevalencia del autismo siga aumentando es algo que o no puede entender o lo entiende de sobra y sabe lo mucho que eso puede perjudicar su negocio Teorías absurdas sobre el autismo (en realidad, Transtorno del Espectro Autista o TEA) las hay para aburrir. Se cree que no tiene cura, pero se ha avanzado mucho sobre cómo actuar. Se sabe que si en 1988 había 1 afectado por cada 10.000 nacimientos hoy la cifra es de 1 por cada 150 (más que síndrome de Down, cáncer infantil y diabetes juntos). Por eso tiene sentido dedicar un día a reflexionar sobre el tema sin olvidar la frase de la camiseta de María, la hija con autismo del dibujante Miguel Gallardo: “soy única, como cualquier otro”. Y que no me digan que no sé de lo que hablo. Por suerte, lo sé muy bien.

2/4/11

2 DE ABRIL. SEGUIMOS NAVEGANDO




Como muchos de vosotros sabéis, hoy celebramos el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Es el cuarto año que se celebra, ya que fue el 27 de noviembre de 2007 cuando las Naciones Unidas eligieron el 2 de abril para esta conmemoración.



Durante los días previos y a lo largo de todo el día de hoy, las distintas asociaciones, padres y madres y algunos profesionales se dedican a realizar actos reveindicativos, informativos, deportivos ... cuyo objetivo es sensibilizar a la población y hacer visibles a las personas con autismo y devolverles la imagen positiva que durante años se les ha negado. Hoy me congratulo, junto con todas las familias de personas con autismo, de que este día exista, Sí, ya sé que sería deseable que este día no tuviera que celebrarse porque no hubiese nada que reveindicar y nuestros hijos tuvieran el reconocimiento que se merecen y la atención que necesitan, pero, lamentablemente, esto no es así, por eso es necesario seguir celebrando aún muchos 2 de abril, que, poco a poco, nos ayuden a dar pasos es pos de lograr un mundo mejor para ellos y de otorgarles el lugar que se merecen. Digo que me congratulo, porque yo llevo conviviendo con el autismo casi 24 años, 4 de ellos sin saberlo y los otros 20 intentando encajar esa palabra en nuestras vidas. Todo este tiempo hemos navegando a contracorriente para que esa oleada de síntomas, se minimice; para poder preveer y enfrentar esas temidas tempestades que azarosamente aparecen; para tener instrumentos con los que poder enderezar el rumbo cuando en ocasiones, lo hemos perdido. Durante bastantes años lo hemos hecho apenas sin aparejos, improvisando actuaciones en medio de la soledad del océano, sintiéndonos a veces casi a la deriva. Pero, poco a poco, hemos ido construyendo una nueva embarcación provista del aparejo necesario para seguir navegando a nuestro ritmo, a la velocidad adecuada a nuestro hijo; hemos aprendido a tensar nuestras velas para que el viento nos empuje suavemente y podamos disfrutar del viaje, sin importarnos la velocidad de los otros buques que divisamos a lo lejos. Hemos adquirido fuertes mástiles que resistan cualquier temporal; logrado distintas velas que desplegamos según las necesidades y ondean alegremente mientras favorecen el avance del barco y, sobre todo, conseguimos espléndidas jarcias que soportan y estabilizan todo lo demás. Ya en los últimos años, al levantar la cabeza después de tanto faenar, y poder mirar con calma el horizonte, hemos divisado innumerables barcos que navegan como nosotros; Ya no estamos solos! cada día somos más; todos son diferentes, pero todos navegan con enorme vitalidad y con una gran sonrisa dibujada en sus velas. Ellos son las familias con autismo, que me contagian su entusiasmo, me llevan en volandas y hacen que mi barco no se pare a descansar. Ellos son los que uniendo voluntades hacen que cada año el día 2 de abril tenga mas presencia y significado, con ellos lograremos las próximas conquistas para nuestros hijos, siempre con la cabeza alta y la mejor sonrisa. A todos ellos/as, familias, personas, mamis, niños/as... a todos, muchas gracias por estar ahí y por haberos encontrado.

Salud Mental detecta una media de 30 casos nuevos de niños autistas al año





La Unidad de Salud Mental Infantil (USMI) de Córdoba detecta anualmente una media de 30 nuevos casos de niños autistas desde que puso en marcha en el 2007 un programa de detección precoz que permite derivar a estos menores a servicios de atención temprana. Según Vicente Sánchez, psiquiatra responsable del programa en la USMI, "los trastornos de espectro autista no tienen cura a día de hoy, pero la calidad de vida de estas personas puede mejorar muchísimo si se actúa cuando son pequeños". Gracias a un test de 23 preguntas, los pediatras de Córdoba, que es pionera en este sistema, pueden valorar si hay algún indicio de trastorno, en cuyo caso los niños son derivados a la USMI para un estudio más a fondo. "El 72% de las sospechas se confirman con un diagnóstico de autismo", señaló Sánchez, "sin embargo, en el 100% de los casos hay algún problema, ya sea retraso madurativo (14%) o trastornos del lenguaje (11%)". En solo cuatro años, los tiempos de espera se han acortado. "En un mes, los padres suelen tener el diagnóstico definitivo", aseguró. En el espectro autista existen distintos grados de afectación, desde los más leves (síndrome de Asperger), en los que los niños tienen una inteligencia igual o superior a la media, pero dificultad en la compresnsión del lenguaje y fracaso en las relaciones interpersonales; a casos graves, en los que la incomunicación es total se une al retraso mental, algo que ocurre en el 85% de los casos. En todos los casos, la intervención temprana realizada antes de los 5 años, cuando el cerebro es más plástico y se está formando, es la única alternativa para mejorar resultados, "aunque no conviene crear falsas esperanzas y saber que hablamos de una enfermedad crónica". La Universidad de Córdoba cuenta con uno de los centros de atención temprana para niños con este tipo de trastorno. "Contamos con 60 plazas conveniadas, de las cuales el 60% están ocupadas por niños autistas, que llegan con una media de edad de 18 a 20 meses", explica la directora del centro, Araceli Sánchez. En estos casos, "es importante intervenir sobre el niño y en la familia, que recibe la noticia con mucha angustia", comentó. En el centro de la UCO, se trabaja con los niños una hora a la semana, con una terapia dirigida por un equipo multidisciplinar, "aunque queremos empezar a implantar una segunda hora para todos los menores", señaló Sánchez, que insistió en que "el desarrollo de los niños depende de la calidad de la atención más que de la cantidad", a lo que añadió que, para que sea eficaz, la intervención debe darse siempre en tres ámbitos: médico o terapéutico, escolar y familiar. En su opinión, "no tiene sentido someter al niño a terapias agotadoras, tan contraproducente es la sobreestimulación como la infraestimulación", afirma. "Además, el niño debe interactuar lo más posible con su familia, que debe implicarse en el aprendizaje del menor, es en casa donde puede aprender a desenvolverse en situaciones reales", finaliza.

1/4/11

Cerca de 50.000 menores en España padecen autismo




El número de casos de autismo en menores en España se acercaría a los 50.000, a los que habría que añadir los pacientes adultos, un número considerablemente mayor, ya que se trata de una enfermedad crónica. No obstante, aunque han aumentado las estimaciones significativamente en los últimos años, según la doctora Mara Parellada, del Servicio de Psiquiatría del Gregorio Marañón de Madrid, este incremento es debido a una mejor formación de los profesionales y de las técnicas de diagnóstico. Parellada, que es la coordinadora del programa AMI-TEA (Atención Médica Integral a los Trastornos del Espectro del Autismo) de este centro hospitalario, y miembro de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB), recuerda que, con seguridad, uno de los principales motivos para el aumento de la prevalencia es que "ahora se detecta la enfermedad antes, además de que ha habido un cambio en el concepto de autimo". "Ahora se incluye como autismo casos que hace 15 años no se considerarían, quizá alejados del autismo clásico. Se trata de casos en el límite, casos quizá muy afectados en la comunicación social, pero que no tienen patología asociada como un gran retraso mental", afirma sobre una enfermedad que este sábado celebra su Día Mundial. Teniendo en cuenta las posibles variables, y observando los datos de prevalencia procedentes del centro de Control de Enfermedades de EEUU, se estima que los casos entre la población infantil y adolescente se encuentran en 11 de cada 1.000. La estimación entre los adultos es más complicada teniendo en cuenta que el autismo era una enfermedad infradiagnosticada en los 80 y 90 (reconocía de 2 a 4 casos de cada 10.000 habitantes). En cuanto al posible aumento de incidencia, la doctora señala que aún no se puede afirmar que exista un aumento de incidencia, bien por causas ambientales o factores genéticos. "Se están realizando muchos estudios epidemiológicos en este momento para ver qué factores puede producir la enfermedad, pero es difícil establecer este tipo de relación causa-efecto", explica en declaraciones a Europa Press. OBSERVAR: AYUDA EN LA DETECCIÓN TEMPRANA Los Trastornos del Espectro Autista (TEA) son un conjunto de alteraciones que afectan al desarrollo infantil. Estas alteraciones se producen porque existe un trastorno orgánico de base. "En la mayoría de los casos el origen de las causas son desconocidas, aunque sabemos que hay una afectación en el desarrollo del cerebro y que afecta a determinadas áreas, y, sobre todo, a circuitos corticales", añade. La forma en la que estas alteraciones se manifiestan varía mucho de un niño a otro, de ahí que se hable de un "espectro" o "continuo de trastornos", es decir, que existen diferentes maneras en las que los síntomas de este tipo de trastornos aparecen, y la gravedad de los mismos varía de unos casos a otros. Los trastornos se van a presentar principalmente en tres áreas del desarrollo: alteraciones en sus habilidades de comunicación y lenguaje, alteraciones en sus habilidades de interacción social, así como por la presencia de un repertorio muy restringido de intereses y comportamientos, que limitan la variedad de las actividades y de las conductas cotidianas de la persona. Así, a la hora de detectar este trastorno es importante observar "cómo se relaciona el niño con los demás, cómo se relaciona por relacionarse, cómo comparten cosas, la bidireccionalidad de las conversaciones; y, además, se debe tener en cuenta la capacidad del lenguaje y los comportamientos rígidos y obsesivos". UNA ENFERMEDAD SIN CURA "No se cura el autismo pero podemos mejorarlo", pero para ello es fundamental que la enfermedad sea detectada en primera instancia por el pediatra, ya que, añade, hay que tener en cuenta que "el pronóstico dependerá de sus detección precoz". En los últimos veinte años ha cambiado mucho su detección y el tratamientos de los TEA. De hecho, hace 30 años la gran mayoría de los pacientes con autismo acababan viviendo en instituciones y, sin embargo, ahora es una minoría la que está institucionalizada. Pese al gran avance en el diagnostico de la enfermedad, a juicio de Parellada, queda mucho trabajo por hacer y en diferente áreas. En España los servicios públicos que atienden a esta población se encuentran desbordados en recursos, sobre todo, humanos. Son excepcionales los recursos asistenciales específicos para personas con estas enfermedades a pesar de las necesidades específicas que presentan para, por ejemplo, tener acceso a la asistencia médica. Por este motivo, esta experta pide un aumento de los servicios de estimulación temprana, y, a nivel sanitario, una mayor especialización del equipo de profesionales que finalmente va a atender a estos pacientes. "Se deben de conocer sus características para atenderles de forma adecuada, ya que muchas veces tienen patologías médicas asociadas que no se tratan lo bien que se deberían por las dificultades de comunicación que tienen estos niños". Los expertos piden que se aborde urgentemente la posibilidad de realizar diagnósticos precoces e invertir más recursos en lo que es intervención a nivel educativo y de estimulación temprana, además de una necesaria inversión en investigación que abra vías terapéuticas. El pronóstico, recuerda la doctora, "es tremendamente variable", dependerá del nivel intelectual y del diagnóstico del niño. No obstante, añade que "se puede mejorar la autonomía hasta el punto de conseguir que convivan en un medio normal". Y eso se consigue con estimulación, y lo más temprana posible. Fuente Diario siglo XXI.com